Hoy hemos experimentado de manera efímera con un corrector de la tinta, o ¿qué digo?, con una nueva herramienta de dibujo.
Sinceramente, cuando se nos ordenó llevar lejía a clase tenía miedo de quemar el papel, pero la verdad es que el resultado cuando finalmente se aprende a utilizar, es gratamente satisfactorio.
Sin embargo, he de confesar que me ha dolido borrar ese entramado que con tanto trabajo había conseguido.
En mi opinión ha faltado tiempo para volver a aplicar una última capa de tinta, ésta vez con algo más de cabeza que la de la primera vez.

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