Un ESPACIO creado por Felipe Langa Hernáez
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miércoles, 30 de noviembre de 2011
Mirada y muñeca al mismo compás.
No queda nada más que decir que es probablemente uno de los trabajo con los que más satisfecho estoy conmigo mismo. Parece que ya no es casualidad el conseguir buenos resultados, sino que las clases han ido haciendo mella en mi habilidad a lo largo del año.
A continuación, mi interpretación de algunos apuntes de Giaccometti:
jueves, 24 de noviembre de 2011
Trasteando con el Moleskine
Llevaba ya un buen tiempo queriendo comprar uno de estos, más como un pasatiempo que otra cosa. Ahora me he dado cuenta de que podría servirme además para aprender esta nueva técnica del dibujo sin levantar el lápiz del papel.
De este modo, aprovechando el viaje de vuelta a casa y antes de acostarme, ya he rellenado las tres primeras páginas de este artilugio, y la verdad esque es bastante adictivo. Es muy cómodo llevarlo en el bolsillo y sacarlo en cualquier momento para expresarse dibujando:
Finalmente, un último dibujo antes de dormir
De este modo, aprovechando el viaje de vuelta a casa y antes de acostarme, ya he rellenado las tres primeras páginas de este artilugio, y la verdad esque es bastante adictivo. Es muy cómodo llevarlo en el bolsillo y sacarlo en cualquier momento para expresarse dibujando:
Un segundo dibujo bastante experimental:
a medida que descendía desde la boca de metro a mi casa, dibujaba todo lo que se cruzaba a mi paso, intentando dar una sensación de movimiento mediante el solapamiento de imágenes.
Finalmente, un último dibujo antes de dormir
Probablemente lo más entretenido de este tipo de dibujo es la permisividad que ofrece para jugar con las distancias. Todo queda proyectado sobre la hoja, y es aquí cuando no el autor, sino el que contempla, debe interpretar a su gusto la disposición de las figuras en el espacio.
Me parece curioso el efecto que produce el dibujar un vagón de metro vacío sobre el que vas dibujando casi sin bajar la mirada y a toda velocidad toda persona que entra. El resultado es una aparente escena de hora punta, pero en realidad es el simple experimento de alguien indeciso ante esta nueva actividad.
Undécima Semana: Analizando las formas
Esta semana hemos comenzado una nueva etapa completamente diferente: el trazado de apuntes.
A partir de ahora dejaremos a un lado las tonalidades para estudiar las líneas, los contornos que definen todo lo que nos rodea.
Se trata de una época de simular con trazos, de atrapar únicamente lo esencial.
Aunque pensaba que este tipo de ejercicio se me iba a dar bastante mejor que lo anterior, me he acabado decepcionando. No se bien si era problema de la saturación de la tinta, de mi estado de ánimo o del entorno, pero el resultado es único:
viernes, 11 de noviembre de 2011
Décima Semana. Levantando dibujos.
Comenzó la clase ésta vez con la presentación de nuestros "objetos tridimensionales".
Nada más empezar apareció la primera cuestión: ¿dar prioridad a la fidelidad con respecto al cuadro original, o valorar la capacidad de crear espacios? Aunque se percibieron discrepancias en las miradas parece que ganó la segunda. Toda pieza con volumen aparentemente habitable ganaba, y digo toda porque la gran mayoría de las maquetas no se elevaban del terreno lo suficiente.
De nuevo con el claroscuro al que nos enfrentamos la semana anterior, y probablemente con muchísimo menos éxito, lo que me desesperó. Me dieron auténticas ganas de irme de la clase, no sabía si echar la culpa al resto a mi falta de destreza, pero la cuestión es que cuanto más pensaba en ello más me desviaba. No conseguí salir esta vez.
No se si es por las pocas horas que duermo algunos días, o por problemas personales. El resultado el mismo: si me siento mal, la pintura sale mal. Y no tengo fuerzas para remontarla.
Sin embargo, al siguiente día me he sentido al mismo tiempo desorientado y seguro de mí mismo. Aún sabiendo que he sufrido uno de los días que más, me doy por satisfecho. Vencer una guerra si no es en batalla no tiene mérito, es más, será mucho más valioso caer, pero sabiendo que por un momento has conseguido atemorizar al enemigo siendo mucho más débil.
Así ha sido, aún teniendo poquísimas fuerzas, y sintiendo cómo el cuadro no era ni mucho menos lo que yo esperaba, he cogido el trapo y , en los momentos que más me atormentaba mi creación, la he deshecho.
Me siento bien porque aunque no he ganado esta vez, he sabido colocarme en mi lugar, en el lugar del creador. He borrado y vuelto a crear. Incluso ya había empezado un dibujo nuevo, pero luego he vuelto y he conseguido algo más.
Estoy contento no por conseguirlo, sino por conocer el camino de cómo hacerlo la próxima vez.
miércoles, 9 de noviembre de 2011
Novena semana. La clase vista con otros ojos.
Tras entregar los collages:
En un primer lugar me lancé al mundo de las luces y sombras de forma prematura, asíque el resultado fue mucho más figurativo de lo que se había propuesto.
Aún sabiendo que de haberse tratado de un dibujo fiel a la realidad, probablemente sería un muy buen trabajo, a la hora de enfocarlo desde un punto de vista más subjetivo en cierto modo, o más contrastado, vemos que pierde la gracia. Se desperdicia la oportunidad de poder jugar con el claroscuro, de moldear la realidad al antojo del artista.
Apareció la oportunidad idónea para repetir el trabajo y conseguir el efecto buscado. Teníamos diez minutos. Entorné los ojos y con cuatro trazos ya se intuía el planteamiento. No se buscaba más la INTUICIÓN fue, de forma absoluta, la dirigente de la clase durante las tres horas.
finalmente, no las cajas sino su esencia:
Sexta semana. Segundo día. Kandinsky ("Pintar es como hacer surf")
Por primera vez he sentido la inmensidad de la pintura de la que tanto nos habían hablado.
El momento de situarse ante el papel es probablemente el más sencillo, pero al mismo tiempo el menos gratificante.
Existen dos actitudes ante la vida que se incrementan exponencialmente a la hora de crear: ser cuidadoso y no arriesgarse demasiado o, por el contario, darlo todo, sabiendo que si fallas lo perderás.
En cierto modo, pintar es como hacer surf.
Quizá es dificil de explicar esto a quien nunca ha experimentado ambas actividades de un modo paralelo pero, de hecho, tienen bastante en común.
A la hora de meterse al mar por primera vez uno titubea, intenta que el agua no le entre en el neopreno por miedo a tener frío. Los primeros trazos, como los pasos hacia el mar son siempre torpes, esquivas hacia conflictos que puedan aparecer, protegiéndose de la tabla con las olas, levantando el pastel para no manchar.
Sólo cuando uno está empapado, o con el papel manchado completamente, es cuando se pierde el miedo a bucear. Es entonces cuando uno se siente aferrado a aquello que tanto pánico le producía.
Surge inmediatamente uno de los instintos más primitivos del hombre: tratar de controlar a la bestia, al tigre, a la inmensa ola que aparece en alta mar o la infinidad del espacio que los colores comienzan a abrir ante tus ojos.
Es el momento de remar, o de rasgar el papel con el pastel. Es el momento de comenzar a aproximarse con pequeños pasos hacia el gigante que se acerca. Sólo si medimos las brazadas seremos capaces de coger la ola como debe ser, luchando hasta que sea el momento de disfrutar.
Los espacios en blanco continúan rellenándose, la ola aumenta a medida que avanzamos. Conocemos lo que inevitablemente se cernirá sobre nosotros, y nos sorprenderá su sombra en el más inesperado instante.
Casi por descuido miramos hacia atrás. Nos separamos del papel. No creemos dónde nos hemos metido. Te maldices a ti mismo cuando ves el peso que ha adquirido aquello que creías en un principio un entretenimiento. Lo que has creado ahora pesa sobre tus hombros, el corazón se acelera y desearías estar en cualquier otro sitio menos en ése, piensas saltar de la tabla, romper el papel, huir de algún modo para rechazarlo todo. Y entonces: ¿Por qué?
¿Por qué huir de aquello que uno mismo ha levantado por sí mismo? Existe porque tú lo has querido, porque tú has colocado piedra a piedra la montaña que ahora se eleva ante ti. Los dibujos no aparecen si no los has manchado, ni uno se encuentra bajo la ola rompiente si no se ha dejado los brazos para estar allí.
Aún con todo el peso encima, incluso con el pulso temblando, una sonrisa se dibuja en la cara: el dibujo eres tú mismo, y llega el momento de dominarlo. Apartada queda la opción de retirarte para que rompa la ola y disfrutar únicamente de la espuma. Sabes muy bien que si te arriesgas a subir hasta la cresta de la ola probablemente te pegues el golpetazo, pero sólo entonces habrás gobernado (aunque sólo sea por un momento) aquello por lo que tanto has luchado. Sólo si coges la ola podrás disfrutar de la pared, sentir el filo de la tabla cortando el agua.
Únicamente cuando uno se endereza y levanta la cabeza para enfrentarse a su destino es cuando el titán que uno temía se pone de tu parte. Toda la fuerza que habías sentido en tu nuca acechándote pasa a empujar, a darte impulso: la ola rompe y entonces recuerdas que efectivamente esa energía es tuya. Decides emplearla, y lo haces bien. Recorres la ola de arriba abajo, la ladeas, trazas dibujos con la tabla únicamente porque te lo pide el cuerpo, sin seguir ningún tipo de sucesión lógica. Introduces los trazos fuertes porque puedes, porque sabes que has acallado lo que hay debajo, porque nadie los va a poder deformar.
Tomas el chunky negro y disfrutas siendo tú, dando por fin tu carácter a la ola, siguiendo lo que te pide el cuerpo, la energía acumulada y, para cuando te das cuenta ya has vuelto a la orilla.
Por segunda vez miras atrás. No hay rastro de la ola salvaje. Quien llegue sin conocer lo que ha ocurrido simplemente verá un mar calmado y un rastro de trazos blancos de espuma sobre el mar de fondo.
Sonríes y le guiñas un ojo a lo que ahora queda ante ti. La bestia del mar y tú guardareis ahora y para siempre el secreto de la aventura que habéis corrido juntos, encerrada bajo los inocentes trazos que un polvo negro de tiza ha dejado sobre él.
Ahora y más que nunca he cogido la ola, y me alegro de haber vencido el miedo a hacerlo porque sólo ahora sé que se ve desde arriba. La bestia mira ahora desde donde sólo yo se que se esconde... ¿O no?
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