Un ESPACIO creado por Felipe Langa Hernáez

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domingo, 16 de octubre de 2011

Primera Semana

Primer día de clase.
Todos atónitos ante aquel espacio que se abría ante nuestros ojos.
Quizá desde el punto de vista de alguien que está acostumbrado a las novedades que se experimentan en la vida universitaria, no sea algo que quepa destacar el aspecto del nuevo aula de trabajo.
Pero para un nuevo alumno que lleva toda su vida sentado en pupitres siempre verdes e idénticos, dentro de clases cuya única diferencia es la orientación con respecto al sol, la clase de DAI es algo impactante:
varios niveles, rampas, taburetes, columnas, caballetes, pinturas colgadas en las paredes, estatuas que te observan...
Efectivamente, era parecido a como me habían contado. Un sótano desgastado por el uso de los alumnos, que para un estudiante de fuera podría ser poco acogedor, pero que para mí ha pasado de ser un lugar pintoresco a mi espacio de recreación interior. Fue aquella mi primera impresión, mi primera alegría en la caja de sorpresas que es la carrera de arquitectura.
Pedro animó a varios compañeros a probar con el carboncillo y el chunky, y creo que se vio bastante desilusionado al comprobar que, tal y como él esperaba, no escapábamos de los clichés, y nos limitábamos a trazar objetos de la vida cotidiana, de un modo inseguro, manteniendo firmes las riendas de la imaginación. Entonces comenzó la tanda de preguntas: ¿Por qué estábamos allí?, ¿Qué esperábamos hallar?, ¿A qué se dedica el artista?. Imposible responder tanteando más allá de lo que lo habíamos hecho anteriormente, dentro de nuestros límites.
Y, finalmente, el rito de iniciación que se nos tenía preparado: vídeos tribales, con desmayos del público incluidos, calmados gracias a la intervención de unos cuantos y a una coca- cola.

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